El autorretrato como exploración sensorial

¿Alguna vez te has dado el tiempo de observarte? Ya sea quedarte mirando tu propia piel, descubriendo cicatrices, lunares, manchas o texturas; o ponerte frente a un espejo (sin juicio) a detallar las figuras que genera tu cuerpo en distintas posiciones o incluso bailando; o tomarte el tiempo de poner una cámara frente a ti y dejar que surja tu yo interior libremente y se exprese sin límites para luego evidenciar ese proceso en fotos o video…

¿Nunca?

Siento que a pesar de que vivimos con un solo cuerpo por toda nuestra vida, la gran mayoría de personas ni siquiera conocen el suyo propio.

Ya no solo visualmente, sino también a nivel de estímulos, salud, ciclos, movilidad, sensaciones… Como que estamos tan acostumbrados a nuestro cuerpo, que no lo exploramos, sentimos que lo conocemos y que no nos puede enseñar nada nuevo, pero no es así.

Hay muchísimas dinámicas, actividades y experimentos que podemos hacer para adentrarnos a explorar nuestro cuerpo, pero por ahora, nos quedaremos sobretodo con la parte visual, y también un poco con la parte de las sensaciones. Hablaremos de cómo el autorretrato es una herramienta sumamente poderosa, no solo para conocer mejor a nuestro cuerpo, sino también para experimentar con el mismo.

A pesar de que cada vez es más común el hecho de hacernos fotos, cambia muchísimo la experiencia dependiendo de la intención con la que lo hagamos; me explico: no es lo mismo hacerse un selfie para enviarlo a un amigx, que tomarnos el tiempo de explorar nuestro ser con la cámara (aunque sea la de nuestro móvil). Por ende, muchísimas personas no conocen realmente la sensación de vulnerabilidad de estar frente a una cámara.

El sentirse observado, nos lleva a experimentar una mezcla de emociones que a veces es difícil de explicar… Creo que es como un nerviosismo adictivo, como cuando de pequeño estás haciendo algo indebido y sabes que en cualquier momento tu mamá te puede pillar, pero lo haces de todos modos.

Y al ser tú mismx quien se hace las fotos, se mezcla también con la curiosidad de lo que estás viendo, el hecho de que puedes descubrir cosas inesperadas.

Nuestro cuerpo está en constante cambio, y no solo cambia la figura del cuerpo con la pose que hagamos, sino que también hay días en los que estará inflamado, pueden haber marcas por sol, o por haber llorado, puede ser que tengas los labios agrietados, o que tengas marcas de alguna prenda que te apretaba.

A veces, el vernos a nosotros mismos puede resultar también en excitación y el ver las respuestas físicas que tiene nuestro cuerpo ante la excitación, puede causarnos incluso mayor excitación; lo que se puede convertir en un círculo vicioso bastante interesante.

O en cambio, puede que necesitemos desahogarnos, en caso de que por ejemplo, estamos pasando por un mal momento, y lo que necesitamos es expresar nuestras emociones. El hecho de utilizar el cuerpo para ello es bastante sanador y visualmente puede resultar sumamente interesante.

Indiferentemente de cuál sea el fin con el que realices esta exploración, creo que lo importante es no pensar demasiado y permitirte llegar hasta donde el cuerpo te lo pida. Dejarte ser sin juzgarte, permitirte jugar con inocencia y fluidez.

El autorretrato es una práctica muy poderosa, que no solo te llevará a observarte desde otras perspectivas, sino que también puede llevarte a sentir muchas sensaciones (físicas y emocionales) que ni siquiera imaginabas. Más allá del resultado final, resulta sumamente potente y sanador el permitirnos jugar con nuestros sentidos, explorar nuestro cuerpo como si fuese una tierra desconocida, moverlo de formas inesperadas o acariciarlo con el cariño que quizá, nunca nos hemos atrevido a darnos.

Es una práctica que te ayudará a conectar más profundamente con tu ser, con tu cuerpo y con el ahora.

Obviamente hay muchísimas otras actividades que se realizan para la autoexploración, y de cada una obtendrás resultados totalmente diferentes. Pero por ahora, te dejo esta opción como recomendación, y ya me podrás contar si la pones en práctica.

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Mariana Mendez

Conectar con la vulnerabilidad, ha sido lo que ha caracterizado la mayor parte de mi camino; no solo con la propia, sino con la de cada persona que ha decidido poner la suya en mis manos, para que hiciera arte.

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